A los cuatro años recibió la primera decepción de su vida. La profesora del kínder no la dejó audicionar para participar en la actuación del día de la madre. Por ser una niña tímida supuso que no tendría el valor de subir al escenario y hablar frente al público. El día de la actuación, la niña elegida para el papel experimentó el pánico escénico que la hizo llorar y olvidar todas sus líneas. La profesora, desesperada, buscó a aquella niña que rechazó para pedirle que la reemplazara. Fingiendo orgullo por fuera y saltando de alegría por dentro, la niña, tomó el micrófono y salió a escena. Varias madres llorando de emoción después de la presentación, le sirvieron de lección a la maestra.
Ese fue el día en el que Genesis Meza Cuadros descubrió que lo que es para uno, aunque tarde, llega. Ese descubrimiento la convirtió en una mujer perseverante y locamente optimista. Cualidades que a sus 20 años, le han servido para sonreír ante todos los portazos que la vida le sigue propinando.
El 14 de agosto de un tal 1994, habiendo vivido apenas siete meses en el vientre de su madre, Genesis respiró por primera vez el aire de una Lima ya contaminada. Le dieron su nombre por significar origen y principio, y al ser la primera hija, su madre no dudó en colocárselo, a pesar de que no pudo encontrar otro nombre que le hiciera juego.
Siendo parte de una familia multiétnica, creció oyendo comentarios intolerantes y racistas. Preguntas como: ¿es tu papá? O ¿son hermanos?, eran orgullosamente respondidas con un imponente ‘Sí’, todos los días. La gente no veía a un padre y su hija. Ellos veían a una niña blanca de la mano de un hombre negro, y pensaban lo peor.
A los doce años, su padre la llevo a matricular a un colegio nuevo para empezar la secundaria. La secretaria los vio y le dijo al hombre que tenía en frente, que el padre de la niña tenía que venir a firmar. Ambos la miraron, sonrieron y el señor Meza contestó: yo soy el padre. La mujer, enrojecida, pidió disculpas y continuó con el papeleo.
Han sido miles los momentos como ese. Pero el más frustrante, fue el día en que Genesis acompañó a su abuela a la casa de una amiga. En medio del almuerzo, el señor de la casa le dijo a Genesis que tenía suerte de haber nacido ‘blanquita’ y que debía casarse con un gringo para mejorar la raza. La impotencia de no poder mandarlo al diablo se le salía por los poros.
Experiencias como esas, la volvieron adicta a la tolerancia y a la lucha en contra de la discriminación. En junio del 2014, asistió por primera vez a la "Marcha del Orgullo", donde su compromiso por apoyar la igualdad se hizo aún más grande.
Siempre fue consciente de que el dinero era limitado en su hogar y que había sacrificios que hacer; por ello, el hecho de que su padre se haya ido a trabajar a España cuando ella era una niña, la hizo madurar muy rápido.
Ya en sus 20, sintió mucho la falta de dinero cuando no pudo pagar por uno de sus sueños. Por gustarle demasiado la labor social, envió una solicitud a la “Global volunteer network”, una de las redes de voluntariado más importantes del mundo. Su aplicación fue exitosa, y la aceptaron para hacer voluntariado en Filipinas y Sudáfrica, pero luego de ver que necesitaba más de dos mil dólares para cubrir el viaje, tuvo que dejar el sueño en stand by.
Mientras tanto; se regocija haciendo voluntariado en su ciudad, leyendo historias de terror, trabajando como tutora de su sobrino, preparando postres con su mamá, practicando su inglés con sus ciber-amigos, escuchando pop-rock, ejercitando cuando el cuerpo no la tumba, escribiendo cuentos, tomando fotos, amando a cada perro callejero y asistiendo a sus clases de comunicación en la universidad Villarreal, donde la productora audiovisual que lleva dentro, ha comenzado a construirse.